Los pactos de la moncloa

España en los años 70

En tiempos de crisis profunda, los países pueden unirse y recuperar la moral si los partidos políticos entierran sus diferencias y acuerdan un conjunto de medidas y las aplican con o sin un gobierno de coalición. Este fue el caso, por ejemplo, del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un gobierno conservador dirigido por Winston Churchill incluía también a líderes de los partidos liberal y laborista.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está planteando la idea de los Pactos de la Moncloa, el acuerdo económico entre los partidos políticos, los empresarios y los sindicatos en 1977, en los embriagadores años del posfranquismo, cuando el país avanzaba nerviosamente hacia la democracia en un contexto de estanflación.
El periodo de 15 años de fuerte crecimiento económico, durante el cual el PIB real aumentó cerca del 7% anual, llegó a su fin tras la crisis del precio del petróleo de 1973-1974. La subida de los precios fue especialmente perjudicial para España debido a su fuerte dependencia de la energía importada, que suministraba más de dos tercios de sus necesidades. La economía creció sólo un 1% en 1975, año en que murió el general Franco.    La inflación pasó del 17,4% en 1974 al 24,5% en 1977, alimentada por un aumento salarial que había ido por delante del aumento de los precios al consumo durante varios años. La cuenta corriente, tras años de superávit, pasó a ser deficitaria, ya que los ingresos del turismo y las remesas de los trabajadores en el extranjero dejaron de compensar el déficit comercial. El número de parados se duplicó con creces entre 1973 y 1977, hasta alcanzar los 832.000 (6,3% de la población activa). El aumento de la tasa de desempleo también se vio impulsado por el regreso de los emigrantes que habían perdido su empleo.

España 1977

El Gobierno español propone «nuevos Pactos de la Moncloa» porque la recesión que se avecina es, según ellos, un «reto tan importante como el de 1977». ¿Se trata de otra metáfora fuera de lugar o precede a algo real? Una mirada a la recesión en curso y su comparación con la situación de 1977 puede darnos algunas pistas.
La lucha de clases estaba en auge desde 1962, cuando la huelga masiva en las cuencas mineras abrió una nueva ola de lucha que alcanzó su punto álgido quince años después. Las huelgas, incluso en las condiciones represivas del franquismo, estaban imponiendo un ritmo de crecimiento salarial superior a la inflación, es decir, estaban redistribuyendo efectivamente la renta a favor del trabajo.
Además, la «crisis del petróleo» de 1973 había acelerado la tendencia a la recesión. Al ser un shock de precios, había multiplicado la inflación y dado un nuevo impulso a las luchas. El capital nacional, en plena redefinición de su aparato político, devaluaba sin remisión y ya ni siquiera era capaz de mantener el pleno empleo.

Acuerdo de wassenaar

En una democracia, los procedimientos constituyen la clave de la convivencia pacífica. Los procedimientos sirven para elegir quién va a gobernar, quién va a servir de contrapeso en el Congreso y cómo se va a fiscalizar al gobierno para evitar que abuse. Las reglas de juego que conforman el sistema político son la clave del funcionamiento del país y es ahí donde estamos atascados. Ahí es donde debemos entrenar nuestro enfoque.
Los objetivos comunes son inevitablemente abstractos. Por lo tanto, es indispensable ponerse de acuerdo sobre los procedimientos. Para empezar, no hay acuerdo en cosas tan elementales como que las elecciones decidan quién nos va a gobernar o en la forma en que el gobierno será supervisado en sus funciones. En una democracia madura, los actores -partidos, funcionarios, políticos, legisladores- aceptan los procedimientos como sacrosantos y se dedican a competir por sus objetivos y programas en el terreno electoral. Una vez pasados éstos, cada uno se adscribe a la función que le corresponde: unos en el gobierno, otros como contrapeso. En el México de hoy, todos quieren gobernar y el gobierno no quiere ser vigilado. Así es imposible avanzar.

Atentado en el parlamento español

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