Lugares patrimonio de la humanidad en españa

Machu picchu

Los sitios del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) son lugares de importancia para el patrimonio cultural o natural, tal y como se describe en la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO, establecida en 1972[1]. España aceptó la convención el 4 de mayo de 1982, lo que hizo que sus sitios históricos pudieran ser incluidos en la lista[2].
La Cueva de Altamira contiene ejemplos de pinturas rupestres del Paleolítico Superior, entre 35.000 y 11.000 a.C. La lista original contenía diecisiete cuevas decoradas. Las cuevas están bien conservadas debido a su profundo aislamiento del clima exterior[7].
El Reino de Asturias seguía siendo la única región cristiana de España en el siglo IX. Desarrolló un estilo propio de arte y arquitectura prerrománica que se muestra en varias iglesias y otros monumentos. La entrada original se titulaba «Iglesias del Reino de Asturias» y se amplió para incluir otros monumentos como La Foncalada[9].
El listado original era la Mezquita Mayor de Córdoba, una iglesia católica del siglo VII convertida en mezquita en el siglo VIII; restaurada como catedral católica romana en el siglo XIII por Fernando III. Durante el período de mayor dominio moro de la región, Córdoba contaba con más de 300 mezquitas y una arquitectura que se comparaba con la de Constantinopla, Damasco y Bagdad[10].

Sitios del patrimonio mundial en francia

San Lorenzo de El Escorial es un magnífico ejemplo del espíritu creativo de la Humanidad. La dimensión del conjunto arquitectónico y su valor en relación con su entorno natural lo convierten en un lugar de gran valor histórico, cultural y simbólico. El Monasterio y el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. El Monasterio, mandado construir por Felipe II, fue construido en el breve plazo de 20 años y cuenta con numerosas estancias de alto valor histórico, artístico y cultural, como los edificios palaciegos de los Austrias y los Borbones, la Biblioteca, la Basílica, el Patio de los Reyes, el Panteón de los Reyes, donde están enterrados los restos de los reyes y reinas de España, y los Jardines.
Ninguna visita está completa sin un paseo por el Conjunto Histórico-Artístico, en el que destacan el Real Coliseo de Carlos III, la Sede de Felipe II, desde la que se dice que el monarca veía cómo iban las obras del Monasterio, y una visita al Centro de Educación Ambiental Luis Ceballo, que ofrece paseos e itinerarios guiados. Además, el Bosque de la Herrería y el Pinar de Abantos esperan a los amantes de la naturaleza.

Sundarbans

Los sitios del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) son lugares de importancia para el patrimonio cultural o natural, tal y como se describe en la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO, establecida en 1972[1]. España aceptó la convención el 4 de mayo de 1982, lo que hizo que sus sitios históricos pudieran ser incluidos en la lista[2].
La Cueva de Altamira contiene ejemplos de pinturas rupestres del Paleolítico Superior, entre 35.000 y 11.000 a.C. La lista original contenía diecisiete cuevas decoradas. Las cuevas están bien conservadas debido a su profundo aislamiento del clima exterior[7].
El Reino de Asturias seguía siendo la única región cristiana de España en el siglo IX. Desarrolló un estilo propio de arte y arquitectura prerrománica que se muestra en varias iglesias y otros monumentos. La entrada original se titulaba «Iglesias del Reino de Asturias» y se amplió para incluir otros monumentos como La Foncalada[9].
El listado original era la Mezquita Mayor de Córdoba, una iglesia católica del siglo VII convertida en mezquita en el siglo VIII; restaurada como catedral católica romana en el siglo XIII por Fernando III. Durante el período de mayor dominio moro de la región, Córdoba contaba con más de 300 mezquitas y una arquitectura que se comparaba con la de Constantinopla, Damasco y Bagdad[10].

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El turismo en España se disparó a principios de la década de 1960, cuando los viajes aéreos baratos, los paquetes vacacionales, una economía en auge en el norte de Europa y una moneda española barata (entonces la peseta) se combinaron para animar a los norteños a viajar al sur.    España tenía todo lo que querían: sol, arena y sangría, y era barato. Los veraneantes aportaban oportunidades de trabajo para los lugareños y diversidad cultural. Para los españoles -que aún trabajaban bajo la opresiva dictadura del general Franco- la invasión de sus playas mediterráneas por parte de franceses, alemanes, escandinavos y, sobre todo, británicos, que buscaban el sol, fue una revelación. Las relaciones casuales entre los sexos y las mujeres sin acompañamiento en trajes de baño de dos piezas (Dios mío) fueron suficientes para provocar la apoplejía de algunos clérigos españoles y católicos devotos. Pero la marea turística continuó, y trajo el dinero que tanto se necesitaba.
Los turistas siguen acudiendo a las playas, pero hoy en día muchos -sobre todo los que repiten- buscan experiencias culturales más amplias. España ha hecho mucho por dar a conocer su patrimonio cultural, y gracias a una infraestructura de carreteras y ferrocarriles muy mejorada (cortesía de la Unión Europea, a la que España se adhirió en 1986), los visitantes pueden viajar rápida y cómodamente a prácticamente todos los rincones del país.